Liderazgo en femenino: cuestión de cifras y de cambio social

Las mujeres continuamos siendo alarmante minoría –más cercana al gueto por su carácter marginal- en la gerencia y dirección de los medios de comunicación españoles (y por qué no decir, también internacionales). Dicho ascenso en la pirámide laboral en clave violeta sigue estando avasallado por estereotipos de género y prejuicios tradicionales que acaban por traducirse en discriminaciones efectivas, potenciadas en mayor medida si cabe por las rutinas propias del quehacer periodístico.
La habitualidad de los obstáculos profesionales y personales para las mujeres en el mercado laboral se ve alarmantemente agravada en las empresas mediáticas, en tanto en cuanto el liderazgo exigido en sus puestos directivos, editoriales y de decisión tiene una especial particularidad proyectada en dos dimensiones: por un lado, y en una suerte de analogía con el clásico rol de jefe, el líder de una empresa mediática debe responder a la organización y guía de un determinado grupo de trabajo o de toda una plantilla o medio; responsabilidad y obligación a la que además vendría a sumarse un aspecto simbólico de enorme relevancia social, como es el del liderazgo social y la modulación de las corrientes de opinión pública; los altos cargos de un medio de comunicación deben constituirse como referentes de opinión para la sociedad. Así, en los medios de comunicación no basta con estar (liderar), sino que dicho liderazgo debe reflejarse en el poder de convicción, credibilidad y seducción sobre las audiencias. Por tanto, esta doble tarea de estar (llegar al cargo), ser (ejercer el liderazgo) y parecerlo (visibilización social), además de resultar agotadora supone a su vez una doble problemática para las mujeres, que difícilmente alcanzan estos puestos directivos, y cuando lo hacen, suelen pasar desapercibidas para la opinión pública.
Los datos estadísticos avalan esta discriminación de facto: a pesar de que más del sesenta por ciento de las/os estudiantes de periodismo en España son mujeres, el cincuenta y nueve por ciento de los trabajadores son hombres; en relación a los puestos directivos en medios, hablaríamos de cifras en torno al veinte-veintisiete por ciento, frente al alarmante diez por ciento en consejos de administración. El matiz cualitativo de estos datos lo aporta la Asociación de la Prensa de Cádiz al detectar una sensible diferencia entre las actividades a desarrollar en función del género, con un notable predominio masculino en tareas de redacción, coordinación, dirección y jefaturas de secciones. Nos encontramos, así, no sólo ante una flagrante discriminación horizontal, sino además frente a una perversa discriminación vertical que consistiría en sexuar en femenino determinadas tareas periodísticas. La ineludible función social de los medios de comunicación eleva esta gravísima ausencia de mujeres lideresas mediáticas a una cuestión de salud democrática: la sospecha sobre un ámbito público abrumadoramente masculino legitima la contestación y la acusación que Schiller vertió en su día contra los media, al identificarlos como “los brazos ejecutores del sistema”.
De esta forma, el agotador “laberinto de cristal” en el que hacen perderse a las profesionales cualificadas, tapizado por el “suelo pegajoso” y cubierto –más bien limitado- por el “techo de cristal”,complican aún más la igualdad de oportunidades en el ejercicio directivo y productivo de los medios de comunicación. Además, los ritmos frenéticos de una profesión sin horarios, cortoplacista y sierva de la inmediatez y el carácter impredecible e incontrolable de la noticia, juegan en contra de las mujeres, a quienes se continúa responsabilizando de los quehaceres cotidianos asociados al trabajo reproductivo (cuidados y hogar).
Atendiendo a las palabras de Carmen García Ribas, podríamos matizar que “el liderazgo femenino no es poner mujeres en cargos directivos (aunque también); es permitir que el talento femenino aflore y provoque un cambio social” de tal envergadura que este nuevo estado de cosas (y de hacer cosas) fulmine los neosexismos y atraviese por igual a hombres y mujeres. Y al Periodismo en concreto.
Laura Martínez Jiménez

 

Notas:

1 El DRAE define “gueto” en su tercera acepción como “situación o condición marginal en que vive un pueblo, una clase social o un grupo de personas.”
2 BARBERÁ, Ester; RAMOS, Amparo; CANDELA, Carlos. “Laberinto de cristal en el liderazgo de las mujeres”. Revista Psicothema, vol. 23, nº 2, pp. 173-179. Colegio de Psicólogos del Principado de Asturias, 2011

3 BARBERÁ, Ester. “Más allá del techo de cristal. Diversidad de género”. Revista del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales.

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2 comentarios en “Liderazgo en femenino: cuestión de cifras y de cambio social

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