Las sombrereras de Salteras

ImagenImagenImagenEsta es la historia de muchas mujeres que han sostenido con sus manos una empresa durante toda una vida. Una empresa familar que, aunque regida tradicionalmente por hombres, fue sustentada por un número mayoritario de mujeres.

Toda una vida haciendo sobreros. Son las sombrereras de Salteras. Algunas comenzaron siendo niñas en la fábrica que estaba ubicada en la calle Castelar de la capital sevillana. Muchas han sustituído a sus madres y a sus abuelas en este viejo oficio levantado con manos femeninas.

No en baladí afirmalo pues hoy en día en esta fábrica que ha sabido sobrevivir a las adversidades trabajan 40 personas y el 70% son señoras.

Loli Gamero es una de las sombrereras más longevas de esta fábrica. Ella recuerda haber empezado con unos 13 años a trabajar en unas instalaciones que fueron creciendo con la demanda.  Le han hablado de que llegados los años 30, la fábrica sufrió un bajón debido a que las personas ya no se cubrían con sombreros tanto como antes. El cambio de la moda de ir cubiertos pasó factura a todas las empresas sombrereras, pero ésta supo resurgir de sus cenizas y, aunque los 600 trabajadores y trabajadoras de principio de siglo fueron mermando en número día a día, hoy sigue abriéndose un prometedor camino internacional.

Muchas fueron las firmas que perecieron en este tránsito. Sin embargo, ésta súpo fusionarse y encontrar un nicho de mercado en el que tienen una buena posición. Resurge a partir de su calidad. Un comerciante y distribuidor estadounidense contactó con la empresa y le pidió que fabricara sombreros judios.

Hoy elaboran el 60% de la producción mundial de estos sombreros y va creciendo, ya que la población judia está aumentando, así como sus gustos y modelos de sombreros, que por el momento, son mayoritariamente de tres tipos: Clergy, Welt Edge y Snap Brim. El primero de ellos lo utilizan los rabinos, el segundo, los judíos en general y el tercero, la comunidad más vanguardista.

Una producción que ha sabido estar a la altura de un mercado muy exigente, el judío, que ha llegado a reclinar un pedido por no tener la tonalidad adecuada, ya que el sombrero negro se considera como una señal de respeto a Dios y éste no puede tener la más mínima variación en el color.

En Salteras se fabrican 30.000 unidades anuales de sombreros, de los cuales 15.000 son sombreros judíos y 3.500 de ala ancha (sombrero regional andaluz), de los que más de la mitad van a parar a Japón. En menor proporción fabrican sombreros de moda y otros regionales como los calañeses, catites, etc.

Actualmente tratan con compradores de Inglaterra, Francia, Israel, Japón, Estados Unidos y Finlandia, y busca mercados en América del Sur y una mayor presencia en el país nipón.

Hablamos de una empresa en la que la mayoría son empleadas y que viste las cabezas de miles de fieles que se agolpan frente al Muro de las Lamentaciones de Jerusalén, de los nobles que asisten a las carreras de caballos de Ascott, en el Reino Unido, de los japoneses que aman el flamenco, etc.

Unos sombreros hechos en su mayoría por manos femeninas que usan personas famosas y aristócratas de postín, tales como el príncipe de Gales, la infanta Elena, etc. Hasta el mismo sir Winston Churchill se cubría con un sombrero made in Sevilla. ¿Sabría que detrás de él se encontraban las manos de una mujer?

Esta empresa prevé crecer durante este año un 10%, ya que venden un 25% más que en el año 2007. Esto no sólo se debe a una buena gestión, a la búsqueda de nuevos mercados y a la transformación de la producción con técnicas de lean production, sino también al buen hacer de todas esas mujeres que levantaron esta sombrerera y la han situado donde hoy está sin que se les haya visibilizado. Ellas elaboran a partir de pelo natural de conejo, castor y liebre, que proceden en su mayoría de granjas españolas, sombreros para todo el mundo.

Pero, en los últimos tiempos no todo es color de rosa, hoy se enfrentan al encaremiento de la producción por la irrupción del mercado chino, el cual está adquiriendo grandes cantidades de piel de conejo, que encarece la materia prima, pudiendo llegar a costar un kilogramo de pelo entre unos 70 y 80 euros. Ésto, añadido a la larga manufactura que precisa la elaboración, el sombrero más barato en el mercado alcanza los 100 euros, el judía unos 200 dólares y las chisteras unas 500 libras.

Hoy, en el día internacional de la mujer se les rinde homenaje a estas señoras que desde su anonimato han hecho posible el crecimiento de esta economía de manera invisible.

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